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URITOCO Y CALABALUMBA (Leyenda)

Uritorco era un indio joven, alto y barbado. Cuando conoció a Calabalumba, le pareció tan hermosa como la flor de suico. La vio vestida con su falda de lana y su camisa adornada con laminillas de caracol, y peinada con el cabello recogido en una trenza negrísima con colgantes de metal. La siguió, pero ella se escabulló entre la gente; sólo dejó en el aire el sonido de las medallas de cobre y plata que colgaban de sus pulseras, y su perfume suave. Uritorco se había enamorado y la buscó hasta encontrarla otra vez. Calabalumba también lo amaba. Pero era hija de un hechicero y el padre jamás aprobaría su relación con Uritorco. Ella lo sabía y también sabía que no iba a poder renunciar a su amor.
Una noche, se citaron junto al cerco de espinillos que separaba los maizales de los corrales de llamas y alpacas. Allí decidieron huir juntos. No fue fácil: el hechicero se convirtió en una figura demoníaca que los perseguía siempre, en cualquier lugar donde se ocultaran. Se refugiaron en los matorrales, entre los árboles, en cuevas escondidas, pero todo fue inútil: el negro demonio de la muerte los acosaba.
Un día, se encontraron frente a frente con un jaguar con ojos de hombre: el Uturunco, quien mostraba sus dientes afilados y rugía, amenazante. Entonces, los jóvenes se transformaron: él, en el magnífico cerro Uritorco y ella, en el río Calabalumba, ese torrente de lágrimas que, como un manantial, surge del pecho de piedra de la montaña. Dicen que, por el conjuro de ese amor, todo aquel que se acerca al Uritorco queda extasiado al contemplar sus tonalidades cambiantes, y mareado por una atracción extraña y una sensación de bienestar. Dicen que es muy difícil dejar de admirar su magnética presencia.

NARCISO

Narciso

Narciso era hijo del dios boecio del río Cefiso y de Liriope, una ninfa acuática. El famoso vidente Tiresias ya había hecho la predicción de que viviría muchos años, siempre y cuando no se viese a sí mismo. A los 16 años Narciso era un joven apuesto, que despertaba la admiración de hombres y mujeres. Su arrogancia era tal que, tal vez a causa de ello, ignoraba los encantos de los demás. Fue entonces cuando la ninfa Eco, que imitaba lo que los demás hacían, se enamoró de él. Con su extraña característica, Eco tendía a permanecer hablando cada vez que Zeus hacía el amor con alguna ninfa. Narciso rechazó a la pobre Eco, tras lo cual la joven languideció.
Su cuerpo se marchitó y sus huesos se convirtieron en piedra. Sólo su voz permaneció intacta. Pero no fue la única a la que rechazó y una de las despechadas quiso que el joven supiese lo que era el sufrimiento ante el amor no correspondido. El deseo se cumplió cuando un día de verano Narciso descansaba tras la caza junto a un lago de superficie cristalina que proyectaba su propia imagen, con la que quedó fascinado. Narciso se acercó al agua y se enamoró de lo que veía, hasta tal punto que dejó de comer y dormir por el sufrimiento de no poder conseguir a su nuevo amor, pues cuando se acercaba, la imagen desaparecía.
Obsesionado consigo mismo, Narciso enloqueció, hasta tal punto que la propia Eco se entristeció al imitar sus lamentos.
El joven murió con el corazón roto e incluso en el reino de los muertos siguió hechizado por su propia imagen, a la que admiraba en las negras aguas de la laguna Estigia. Aún hoy se conserva el término «narcisismo» para definir la excesiva consideración de uno mismo.


LA DAMA DE NEGRO

La Dama de Negro

Cuenta la leyenda que en un pueblecito perdido entre montañas hace ya más de 50 años que algunos de sus habitantes han vivido atemorizados por un hecho que cambió la vida del pueblo para siempre. Este hecho, cuenta que en las afueras de la localidad, y casi escondido entre una espesa arboleda, hay un edificio que fue un psiquiátrico. Cuando pasó el tiempo el personal y los enfermos fueron reubicados en otros centros hasta que el psiquiátrico se vació oficialmente. Pero, en el pueblo empezó a circular el rumor de que a ciertos enfermos problemáticos, los habían “olvidado”. Lo cual celadores del psiquiátrico habían confirmado, agregando que muchos enfermos habían sido atados con correas a sus camas, abandonados sin alimento ni agua, y sellando e insonorizando sus habitaciones para que nadie pudiera saber nunca más de ellos.
Aunque la idea incluía demoler el edificio con enfermos dentro. Esto no sucedió, condenando a sus inquilinos a una muerte segura y horrible. Pocas semanas tras el abandono del edificio, muchos habitantes del pueblo empezaron a oír feroces gritos por las noches que provenían del edificio del psiquiátrico. Nadie quería hablar de lo sucedido pues ¡Aquellos locos ya deberían estar muertos, llevaban más de un mes sin alimento ni líquido, encerrados, atados!
La situación se complicó más porque cada noche desaparecían animales de sus granjas y corrales y aparecían trozos de algunos de ellos por el pueblo. Rastros de sangre salían desde las cercas del ganado conducían hacia el antiguo psiquiátrico. Hubo quien, dijo haber visto por las noches a lo lejos a una mujer vestida de negro, de aspecto fantasmal y armada con una daga, destripar a los animales y llevarse muchos de ellos, para luego perderse en la negrura de la noche camino del siniestro edificio.
Pasaron las semanas, y el ganado del pueblo seguía desapareciendo, un día de fin de año los vecinos decidieron poner fin al robo de animales, aunque esto fuese obra de un fantasma. Así que noche tras noche montaron guardia en todos los corrales y cercados. Uno de los vecinos que vigilaba encontró al ladrón con las manos en la masa y llamó al resto de personas. Delante de ellos, había una figura tapada con una manta negra, flotando a unos centímetros sobre el suelo, con una daga que movía de forma habilidosa con una mano mientras con la otra decapitaba un pollo sujeto.


LA LEYENDA DEL HILO ROJO

La leyenda del hilo rojo

Nunca podrás escapar de tu corazón,
así que es mejor que escuches lo que tiene que decirte…
Paulo Coelho, "El alquimista"

Cuenta una leyenda oriental que las personas destinadas a conocerse tienen un hilo rojo atado en sus dedos. Este hilo nunca desaparece y permanece constantemente atado, a pesar del tiempo y la distancia. No importa lo que tardes en conocer a esa persona, ni importa el tiempo que pases sin verla, ni siquiera importa si vives en la otra punta del mundo: el hilo se estirará hasta el infinito pero nunca se romperá.
Este hilo lleva contigo desde tu nacimiento y te acompañará, tensado en mayor o menor medida, más o menos enredado, a lo largo de toda tu vida. Así es que, el Abuelo de la Luna, cada noche sale a conocer a los recién nacidos y a atarles un hilo rojo a su dedo, un hilo que decidirá su futuro, un hilo que guiará estas almas para que nunca se pierdan…La leyenda versa así:
"Hace mucho mucho tiempo, un emperador se enteró de que en una de las provincias de su reino vivía una bruja muy poderosa, quien tenía la capacidad de poder ver el hilo rojo del destino y la mandó traer ante su presencia. Cuando la bruja llegó, el emperador le ordenó que buscara el otro extremo del hilo que llevaba atado al meñique y lo llevara ante la que sería su esposa. La bruja accedió a esta petición y comenzó a seguir y seguir el hilo. Esta búsqueda los llevó hasta un mercado, en donde una pobre campesina con una bebé en los brazos ofrecía sus productos. Al llegar hasta donde estaba esta campesina, se detuvo frente a ella y la invitó a ponerse de pie. Hizo que el joven emperador se acercara y le dijo: «Aquí termina tu hilo», pero al escuchar esto el emperador enfureció, creyendo que era una burla de la bruja, empujó a la campesina que aún llevaba a su pequeña bebé en brazos y la hizo caer, haciendo que la bebé se hiciera una gran herida en la frente, ordenó a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza.