Marcha de osias
Por María Elena Walsh
Osías, el osito en mameluco
paseaba por la calle Chacabuco
mirando las vidrieras de reojo,
sin alcancía pero con antojo.
Por fin se decidió y en un bazar
todo esto y mucho más quiso comprar.
Quiero tiempo, pero tiempo no apurado,
tiempo de jugar que es el mejor.
Por favor, me lo da suelto y no enjaulado
adentro de un despertador.
Marcha de Osías
Osías, el osito, en el bazar
todo esto y mucho más quiso comprar.
Quiero un río con catorce pescaditos
y un jardín sin guardia y sin ladrón.
También quiero para cuando esté solito
un poco de conversación.
Osías, el osito, en el bazar
todo esto y mucho más quiso comprar.
Quiero cuentos, historietas y novelas
pero no las que andan a botón.
Yo las quiero de la mano de una abuela
que me las lea en camisón.
Osías, el osito, en el bazar
todo esto y mucho más quiso comprar.
Quiero todo lo que guardan los espejos
y una flor adentro de un raviol
y también una galera con conejos
y una pelota que haga gol.
Osías, el osito, en el bazar
todo esto y mucho más quiso comprar.
Quiero un cielo bien celeste aunque me cueste,
de verdad, no cielo de postal,
para irme por el este y el oeste
en una cápsula espacial.
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COMO LA CIGARRA
Como la cigarra
Por María Elena Walsh
Tantas veces me mataron
tantas veces me morí
sin embargo estoy aquí
resucitando.
Gracias doy a la desgracia
y a la mano con puñal
porque me mató tan mal
y seguí cantando.
Tantas veces me borraron
tantas desaparecí
a mi propio entierro fui
sola y llorando.
Hice un nudo en el pañuelo
pero me olvidé después
que no era la última vez
y volví cantando.
Tantas veces te mataron
tantas resucitarás
tantas noches pasarás
desesperando.
A la hora del naufragio
y la de la oscuridad
alguien te rescatará
para ir cantando.
Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.
Lee todo en: Como la cigarra - Poemas de María Elena Walsh http://www.poemas-del-alma.com/maria-elena-walsh-como-la-cigarra.htm#ixzz3qkplsLbd
Por María Elena Walsh
Tantas veces me mataron
tantas veces me morí
sin embargo estoy aquí
resucitando.
Gracias doy a la desgracia
y a la mano con puñal
porque me mató tan mal
y seguí cantando.
Tantas veces me borraron
tantas desaparecí
a mi propio entierro fui
sola y llorando.
Hice un nudo en el pañuelo
pero me olvidé después
que no era la última vez
y volví cantando.
Tantas veces te mataron
tantas resucitarás
tantas noches pasarás
desesperando.
A la hora del naufragio
y la de la oscuridad
alguien te rescatará
para ir cantando.
Cantando al sol como la cigarra
después de un año bajo la tierra
igual que sobreviviente
que vuelve de la guerra.
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ARROZ CON ALCACHOFAS
Arroz con alcahofas
Por María Teresa Andrueto
Por María Teresa Andrueto
El aceite
borbotea en la sartén.
Allí he echado
dos alcachofas acuchilladas.
He convertido a esas flores antiguas
en corazones abiertos,
En carne viva.
Me he dedicado después
a esperar a que largaran su sangre
o su sudor,
según se mire.
Luego
he reducido una cebolla
grande
y llena de luz,
a polvo,
a jugo,
a numen.
Y otra vez he llorado.
Pero tan poca cosa no me amedrenta.
Me zambullo,
con el jugo y las lágrimas,
en el aceite hirviente
y cuando todo se impregna,
paso una lluvia de arroz
de la caja a mi mano
y de mi mano a la sartén
en donde bullen
los zumos
del dolor y de la desdicha.
Ya puedo esperar
que los granos se hinchen.
Sé que aportarán,
igual que yo,
una hinchazón
tres veces superior
a su tamaño.
Sólo falta agregar
de tanto en tanto
agua
o caldo,
un baño de mar
que les permita
transitar por el infierno
de la hornalla.
Maria Teresa Andruetto
El árbol florecido de lilas
El árbol florecido de lilas
Autora: María Teresa
Andrueto
Uno
Él
se sentó a esperar bajo la sombra de un árbol florecido de lilas. Pasó un señor
rico y le preguntó: “¿Qué hace sentado bajo este árbol, en vez de trabajar y
hacer dinero?”, y el hombre le contestó:
-Espero.
Pasó
una mujer hermosa y le preguntó:
-¿Qué
hace sentado bajo este árbol en vez de conquistarme?
Y
el hombre le contestó:
-Espero
Pasó
un niño y le preguntó:
-¿Qué
hace usted, señor, sentado bajo este
árbol, en vez de jugar?
Y
el hombre le contestó:
-Espero.
Pasó
la madre y le preguntó:
-¿Qué
hace este hijo mío, sentado bajo este árbol, en vez de ser feliz?
Y el hombre le contestó:
-Espero.
Dos.
Ella
salió de su casa. Cruzó la calle, atravesó la plaza y pasó junto al árbol
florecido de lilas.
Miró
rápidamente al hombre.
Al
árbol.
Pero
no se detuvo.
Había
salido a buscar y tenía prisa.
Él
la vio pasar,
Alejarse,
Volverse
pequeña.
Desaparecer.
Y
se quedó mirando al suelo nevado de lilas.
Ella
fue por el mundo a buscar, por el mundo entero.
En
el este había un hombre con las manos de seda.
Ella
preguntó:
-¿Sos
el que busco?
-Lo
siento, pero no – dijo el hombre con manos de seda.
Y
se marchó.
En
el norte había un hombre con los ojos de agua.
Ella
le preguntó:
-¿Sos
el que busco?
-No
lo creo, me voy – dijo el hombre con los ojos de agua.
Y
se marchó.
En
el oeste había un hombre con los pies de alas.
Ella
preguntó:
-¿Sos
el que busco?
-Te
espero hace tiempo, ahora no – dijo el hombre con los pies de alas.
Y
se marchó.
En
el sur había un hombre con la voz quebrada.
Ella
le preguntó:
-¿Sos
el que busco?
-No,
no soy yo – dijo el hombre con la voz quebrada y se marchó.
Tres
Ella
siguió por el mundo buscando, por el mundo entero.
Una
tarde, subiendo una cuesta, encontró una gitana. La gitana la miró y le dijo:
-Él
que buscas espera, bajo un árbol, en una plaza.
Ella
recordó al hombre con los ojos de agua, al que tenía las manos de seda, al de
pies con alas, y al que tenía la voz quebrada.
Y
después se acordó de una plaza, de un árbol que tenía flores lilas, y del
hombre que estaba sentado a su sombra.
Entonces
se volvió sobre sus pasos, bajó la cuesta, y atravesó al mundo. El mundo
entero.
Llegó
a su pueblo, cruzó la plaza, caminó hasta el árbol y preguntó al hombre que
estaba sentado a su sombra.
-¿Qué
haces aquí sentado bajo este árbol?
Y
el hombre dio con la voz quebrada:
-Te
espero.
Después
él levantó la cabeza y ella vio que tenía los ojos de agua, la acarició y ella
supo que tenía las manos de seda, la vio volar y ella supo que tenía también
los pies de alas.
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